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«La manzana que aparece en la portada del libro, agujereada por el gusano, representa muy bien la dimensión de ese micro-Oviedo descrito por Luisa»


Por José M.ª Navia-Osorio

Presentación de Los agujeros de gusano en LibrOviedo 2019


 Cuando Woody Allen vino por primera vez a Oviedo y dijo que era una ciudad de «cuento de hadas» se quedó corto, Oviedo es una ciudad de novela. De muchas novelas.

 

Algunos de los autores, ClarínPalacio ValdésPerez de Ayala la han disfrazado con diversos nombres: Vetusta, Lancia, Pilares. Otros novelistas no se complicaron la vida y como Dolores Medio en Nosotros los Rivero la llamaron por su nombre: Oviedo. Por cierto, nuestra ciudad se llama Oviedo, no Uvieu.

 

En el libro que presentamos hoy, Los agujeros de gusano,  Luisa Navia-Osorio, que es mi hermana por si alguien aún no se había percatado, también la llama Oviedo.

 

Como me han pedido, en realidad ordenado, ser breve en la presentación se la puedo resumir diciendo que me ha gustado. Pero tampoco hay que exagerar la brevedad.

 

Cuando afirmo que me ha gustado no lo hago porque la haya escrito mi hermana sino porque está muy bien escrita. El armazón de la trama es muy bueno, no es la que se espera de una primera obra. Es una novela muy trabajada y se nota y se agradece.

 

En la primera parte del libro, las primeras 100 páginas, Luisa  nos presenta los personajes y los va llevando muy hábilmente hacia un punto en el que todo lo que parecía inconexo coincide y allí los deja abandonados a su suerte en un punto dramático.

 

Ella lo cuenta con ironía y sentido del humor pero con ese sentido del humor británico que niega que pase nada interesante y menos aún alarmante mientras el mundo se hunde. En algún momento lo que parecía que iba para comedia se nos ha convertido en un drama, casi sin que sus protagonistas se hayan enterado. Y aún será peor porque terminará en tragedia

 

Detrás de este libro hay muchas lecturas. Mi hermana y yo disfrutamos de la biblioteca que teníamos en la casa familiar (la que Luisa sitúa en Brañes en la novela) y supongo que ella, como yo, sería lectora de la estantería dedicada a los humoristas en la que reinaba indiscutiblemente P. G. Woodehouse muy bien acompañado por Evelyn Waugh, Arnold Bennet, e incluso Guareschi, Jardiel Poncela o Noel Clarasó. No hay mejores maestros para educar el sentido del humor y supongo que Luisa, como yo, habrá bebido en esas fuentes.

 

Pero éste no es un libro de humor y en él hay más cosas. En Los agujeros de gusano asistimos, una vez más al enfrentamiento histórico de los dos grupos humanos que pugnan por ocupar la cima de su mundo, como ha ocurrido siempre en todos los sitios, grandes o pequeños, y en todos los tiempos, antiguos o recientes. Estos dos grupos son «los de antes» y «los nuevos». Por cierto, siempre ganan «los de antes» aunque veces disimulen y finjan haber sido derrotados. En esta novela los adversarios se encuentran en un espacio físicamente muy pequeño.

 

La manzana que aparece en la portada del libro, agujereada por el gusano, representa muy bien la dimensión de ese micro-Oviedo descrito por Luisa. Llega al Oeste hasta la Plaza de América y la calle General Zubillaga que incluye el Club de Tenis; por el Este no baja del cruce de Gil de Jaz con Marqués de Pidal y quizá me haya  ido demasiado lejos. Por el norte no pasa de la calle Independencia y por el sur se acaba en la calle Toreno y el campo San Francisco.

 

Ese pequeño barrio no es «el Oviedín», no lo confundan, es otro lugar y allí vive otra gente. El Oviedín está o estaba cerca del antiguo Café Peñalba y La Escandalera. Antes del Oviedín existió la Vetusta de Clarín que ocupaba La Encimada, ubicada entre la catedral y el Ayuntamiento. En La Encimada se puede situar también la Lancia del «Maestrante» de Palacio Valdés. El Pilares de Pérez de Ayala, el de Tigre Juan, también está próximo porque es el Fontán.

 

El Oviedo de la joven Lena Rivero de Dolores Medio está a mitad de camino entre Vetusta o Lancia y el Oviedín. Ninguno de ellos es la manzana del gusano que está más arriba y al noroeste, es casi un siglo más joven y no tiene nombre,  por lo menos hasta ahora.

 

El vivir en un espacio muy pequeño, el compartir los mismos clubs (el de tenis y el de golf), el que los nietos de los unos  vayan a los mismos colegios que los hijos de los otros (Meres y el San Ignacio) o el comprar en las mismas tiendas, obligan a «los de antes» y a «los nuevos» a verse a diario, a tratarse,  a ser, o fingir ser, amigos e incluso a emparentar pero no se mezclan porque son como el agua y el aceite.

 

Con el fruto de esos parentescos que ha forzado la necesidad de sobrevivir de unos y ser aceptados los otros, el cada vez más escuálido «dinero viejo» recupera su volumen y lozanía con el abundante «dinero nuevo». Puede parecer cínico pero no tiene que asombrarnos porque es lo que siempre ha ocurrido a lo largo de los siglos.

 

Son dos grupos humanos obligados a convivir y a tropezar a diario en el túnel que une los dos agujeros de gusano que representan un salto en el tiempo desde unas familias que no quieren moverse del siglo XVIII y otras que viven en el XXI. O si se prefiere el túnel desde el agujero de la Encimada de Vetusta hasta el de la innominada manzana agusanada.

 

Es una micro-sociedad que Luisa  describe muy bien porque es donde ha pasado la mitad de su vida, y con la que se identifica hasta el punto de que prácticamente ella misma se autorretrata en uno de sus personajes con absoluta desvergüenza y falta de pudor.

 

No les voy a hablar de las siguientes 100 páginas que componen la segunda parte porque me excedería de tiempo pero les daré tres consejos:  1º, compren el libro, porque es barato y está muy bien editado, es una buena inversión;  2º, acérquense para que Luisa se lo firme porque añade valor a la compra al convertirlo en un objeto de colección; y 3º, al llegar a casa léanlo porque es entretenido y se lee de un tirón.

 

Y termino pidiéndole a la autora, mi hermana, que escriba pronto la continuación de Los agujeros de gusano porque quiero saber que ha pasado con todos eso personajes que ha descrito tan bien y que parecen vivos.

 

Oviedo, 16 de Mayo de 2019

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