Con mucho busto

Pepe Monteserín


Colección Luna de Abajo Alterna, nº 5

210 × 297 cm, 832 pp., rústica con solapas

ISBN: 978-84-86375-40-9

84,90 €

  • 2,79 kg
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  • de 5 a 8 días1


Erik el belga robaba obras de arte para acostarse con ellas. Además de amor a la literatura, este libro, que surgió con vocación de bustos, es álbum familiar, cuaderno de viajes, azarosos apuntes incompletos de literatura universal, memorias de memorias, textos escogidos, textos casuales, textos asimétricos, bibliografía suelta, autobiografía, enciclopedia dispareja y recopilación menguada de escritores que busqué, me salió al paso su figura, su cuna o su tumba, o llegaron a mÌ por caminos inescrutables, fueran o no de mi gusto, célebres o desconocidos, con publicaciones a sus espaldas o sólo con la ilusión, laureados u olvidados, incluso algún ágrafo. Como es natural, faltan muchos, es decir, faltan todos excepto 301, y posando con ellos certifico el encuentro; no es fetichismo, como el de Erik, y más que egocentrismo es un acto excéntrico, salgo presto a buscarlos para demostrar mi admiración.

 

Algunos escritores vienen acompañados de su pareja sentimental o literaria, otros me evocan a un grupo generacional o afín, que incorporo a mí manera, otros me sugieren un tema, y lo desarrollo como puedo. Y lamento dejar sin capítulo ex profeso autores que fueron queridos o significativos en mi vida: Carlos Castaneda, Lobsang Rampa, Robert Graves, Pearl S. Buck, Vázquez Montalbán, Marqués de Sade, Rousseau, José Lizano, Dionisio Ridruejo, poeta que da nombre a la calle donde viví recién casado, Voltaire, Maupassant, Italo Calvino, Isabel Allende, Pierre Michon, Gore Vidal, Martin Amis, Saint Exupèry, Bryce Echenique, Carlos Fuentes, Ioconda Belli, Torcuato Luca de Tena, Cormac McCarthy, Javier Tomeo (mi editor, Pote Huerta, me decía que tenía mucho en común con este oscense), José Hernández, Doris Lessing, Salinger, Djuna Barnes, Nicanor Parra, Ambrose Bierce, Samuel Beckett, Nietzsche, Ezra Pound, Nadine Gordimer, Aristóteles, Suetonio, Gracián, Sófocles, Eurípides, Marco Aurelio, Hesíodo, Rilke, Virgilio, Píndaro... Y mis contemporáneos, Alberto Vega, Fernando Beltrán, amigos, paisanos y lejanos.

 

En este empeño de bustos y esculturas, conocí la obra de artistas de todo tipo; unos reflejan la realidad, otros esculpen lo que la realidad esconde. ¿Posaron algunos escritores?, ¿tuvieron paciencia ante el cincel y el pincel? Decía Azorín en Pintar como querer, que Claudio Lautier exigía de sus modelos inmovilidad absoluta, en cambio Augusto Rodin necesitaba que el modelo anduviera para captar sus gestos y ademanes. Sea como fuere, ahí están sus monumentos, entregados a las miradas y a los amores.

 

Al final de mi trabajo, crestomatía inconmensurable, inabarcable y loca, llegué a ver estatuas en todas partes y hasta en las peñas, modeladas por la intemperie. En Somiedo vi la imagen rediviva de una mezcla de Hemingway con Palacio Valdés y la golilla de Cervantes.

 

No aspiro a convertir la estatua en un ser vivo, tampoco al contrario, la antítesis de Pigmalión, convertir al escritor en estatua, ni padezco el síndrome de Erik el belga, de robar la imagen para acostarme con ella; sencillamente, me hice fotografías con mis colegas sin tanto esmero en la calidad del retrato como interés por acercarme a su arte más que a su conciencia. [«Introducción del autor»]


Pepe Monteserín
Pravia (Asturias), 1952

 

Arquitecto Técnico y exejecutivo fue escritor tardío; publicó más de 45 libros (novelas, relatos, teatro, guiones, ensayos, cuentos infantiles, letras para canciones), participó en 200 títulos con otros autores, firmó más de 6.000 artículos en La Nueva España (Prensa Ibérica). Su caudalosa obra literaria, hiperbólica, barroca, insistencialista, más que terca, insolente más que solemne, e impregnada de humor, ignorancia indisimulada e intención poética, logró múltiples reconocimientos en todos los géneros.



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