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Dos almas y un destino


Por José A. LONGO MARINA

Portada: «Gigante, gaitero y tamborilero y asistentes a una fiesta del concejo de Piloña», vidrio, 180 × 130 mm, c. 1915. © Museu del Pueblu d'Asturias, Ayuntamiento de Gijón 


«Partida de cartas», vidrio, 140 × 90 mm, Piloña (Asturias), c. 1915
«Partida de cartas», vidrio, 140 × 90 mm, Piloña (Asturias), c. 1915

Modesto y Manuel, abuelo y nieto, se cruzaron en el segundo en el que se decide el alfa y el omega de la vida, de este encuentro imprevisto surgió un vínculo que décadas después cristalizo en la escritura a cuatro manos del libro Un abuelo de Cine.

 

Modesto Montoto (1875-1850). Glosaremos primero la figura del ausente presente, el abuelo Modesto, por respeto a sus canas y a su recio carácter, para ello usaremos a modo de biografía heterodoxa una serie de palabras que bien pueden definirlo.

 

Comerciante, esta fue la profesión que le dio de comer a él y su familia, primero en su negocio familiar de Infiesto y después en Villamayor.

 

Fotógrafo, su faceta más conocida y reconocida, genio de la fotografía inmortalizaba cuerpos y almas, siendo los más desfavorecidos sus mejores modelos. Trabajó para los medios más punteros de Asturias, los periódicos Región y la Voz de Asturias o la famosa revista Asturias de la Habana, un referente para los emigrantes asturianos allende los mares.

 

Articulista, hombre de pluma ágil y acerada, dejo parte de su ingenio en muchos de los periódicos regionales de su época.

 

Político, preocupado por los problemas de su tiempo fue concejal en Piloña, uno de los precursores de la obtención del estatuto de Entidad Local Menor de Villamayor y de otras muchas mejoras para su parroquia de adopción. Modesto de derechas y católico, nunca fue intransigente y siempre miró por el beneficio común.

 

Cineasta, como persona inquieta exploró nuevas expresiones artísticas siendo uno de los promotores de la película Bajo las Nieblas de Asturias, obra que le llevó a vivir aventuras y desventuras en la promoción americana del film, como bien se refleja en el libro.

 

Escritor, podemos apreciar su buen hacer literario en los diarios ahora publicados, de escritura amena y de estilo depurado, nos lleva a través de su vida por la Asturias  de su época como si estuviéramos viviendo ese momento.

 

Padre, Modesto además fundó un gran familia junto a su querida Adosinda,  once hijos nada más y nada menos, Adosinda tuvo que llevar las riendas de la familia y los negocios mientras Modesto viajaba infatigable captando cachitos de nuestra querida Asturias.

 

Motero, su moto con sidecar le permitió desplazarse acompañado de una amiga inseparable, su cámara de fotos, como un aventurero romántico en busca de los sueños que quedarían atrapados en sus placas de vidrio.

 

«Interior del comercio de Casa Martino, con el sidrero Ramón de Armonga», vidrio, 150 × 100 mm, Piloña (Asturias), 1914
«Interior del comercio de Casa Martino, con el sidrero Ramón de Armonga», vidrio, 150 × 100 mm, Piloña (Asturias), 1914

Pasemos a hablar del nieto, Manuel Herrero Montoto nace en Oviedo en 1950, médico de profesión y humanista por vocación, siguiendo la estela de aquellos galenos ilustrados, hoy en extinción, que curaban cuerpos y almas. De su abuelo Modesto heredó la inquietud literaria, que plasma en sus novelas, ensayos, artículos y obras teatrales. Su obra es extensa y variada, es autor de un capítulo, «Autorretrato», en el libro Modesto Montoto: Una visión fotográfica de Asturias (1900-1925) publicado en 1995. Ha escrito varias novelas de distinta temática, novela social: El habitante (1997), libros de viajes Manding y Desde el kilómetro cero o la trilogía Omara la trapecista (2001), Omara en el París de las maravillas (2015) y El grito de Omara (2018). También tiene en su haber una obra de teatro El cabo Juan. Ha sido colaborador habitual en el desaparecido diario El Independiente y columnista en el periódico asturiano La Nueva España, de nuevo un paralelismo con su querido abuelo.

 

Otra herencia recibida de su ilustre pariente es la retranca piloñesa y asturiana, sinónimo de inteligencia, y una faceta aventurera que le ha hecho adentrarse en el corazón de África, llevándonos hasta allí a través de sus escritos. ¿Qué más le podría haber dejado don Modesto?,  pues como no, la afición por la fotografía que debido a la vorágine del día tiene un poco apartada, pero es un dulce veneno insuflado por vía familiar que siempre estará presente.

 

 En fin dos almas y un destino, predestinadas a reunirse de nuevo para dejarnos para la posteridad Un abuelo de Cine, que disfrutaremos placenteramente.

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