La razón vital del doctor Torrecilla

/ Por Francisco PalaciosLa Nueva España, lunes, 10 de septiembre de 2012 

 

Aunque se publicó hace algún tiempo, por diferentes circunstancias llegó a mis manos recientemente. Se trata de La vida por la letra, magnífica novela autobiográfica del doctor Eugenio Torrecilla. Una novela sugerente y estimulante que te envuelve desde el principio, y en la que se despliega una bella y pausada ordenación de tiempos, personas y paisajes. Es también una obra salpicada de certeras reflexiones sobre diversas cuestiones. Y sobre todo es un relato de las múltiples lecturas que han condicionado la vida del autor, al que, siendo joven, alguien le preguntó si con su edad «no habría que vivir a lo vivo». La respuesta fue contundente: «Te cambio la vida por la letra», título y tesis de la novela.

 

Los buenos libros son los depositarios de un saber acumulado y universal. Al respecto, el doctor Torrecilla reconoce en esta obra que en su calendario interior, el tiempo se mide por los libros, que «marcan y forman la vida». Y hay libros para tiempos de seguridades y para épocas de desgarraduras. Siempre que se rechacen las trivialidades y los pasatiempos literarios. Ya escribí en otra ocasión que Eugenio Torrecilla habría sido un excelente profesor de Literatura.

 

Después de la magia de las primeras lecturas, que «roturan la mente», vienen los grandes autores: Homero, Shakespeare, Cervantes, Thomas Mann, Marcel Proust, Balzac, Galdós, Palacio Valdés, Dostoyevski, Tolstoi, García Márquez, entre otros muchos. Algunas obras, como La montaña mágica, de Thomas Mann, fueron providenciales para superar un agónico trance personal. Asimismo, «La vida por la letra» revela una actitud estoica ante el mundo y una prudencia crítica con el orden de las cosas: una virtud vinculada también con el afán de conocimiento de su autor, especialmente con su pasión literaria.

 

Por otra parte, Eugenio Torrecilla viene dirigiendo y animando una tertulia literaria desde hace casi nueve lustros. Una tertulia en la que han participado varias generaciones con espléndidos resultados. Y como reconocimiento a esa labor dinamizadora de la cultura fue distinguido «Asturiano del mes» de La Nueva España en la primavera de 2005. Decía Maquiavelo que las bibliotecas eran templos del saber. Pues bien, en dos bibliotecas langreanas (sin duda, los lugares más idóneos) se exhiben sendas placas honoríficas dedicadas al doctor Torrecilla para premiar su larga y meritoria actividad. Una se encuentra en la sala principal de la Biblioteca Pública Municipal de Sama, y reza así. «A Eugenio Torrecilla. Un hombre entregado a la cultura y a la pasión de su engrandecimiento». La segunda, en la biblioteca de La Montera, dice: «A Eugenio Torrecilla, que ha sabido ver en la literatura como un universo sustantivo».

 

Rodeado por sus libros preferidos, el doctor Torrecilla formula una suerte de rotundo testimonio vital: «Confieso que he leído». Y confiesa fundamentalmente que la lectura modifica nuestros puntos de vista, descubre la otra cara del mundo y activa nuevas vías mentales. Lo dicho: «La vida por la letra» es una magnífica novela.

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