La vida por la letra

 

• Autor: Eugenio Torrecilla

• 14,5 × 22,5 cm, tapa con sobrecubierta, 200 pp.

• Tripa: una tinta sobre papel offset ahuesado de 100 g

• Sobrecubierta impresa a tres tintas sobre papel Connoiseur Cotton de 160 g

 

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«Avezado a leer, quien posee tal hábito deja de percibir lo que está haciendo: transmigra»

Narrando la experiencia de los años claves de su larga vida lectora, Eugenio Torrecilla nos enseña en este libro cómo lograr que la palabra escrita, las letras que «yacen muertas» en los «amazacotados párrafos» cobren vida y nos descubran la «otra cara del mundo».

 

«Es necesario encontrar placer cuando se derrama la mirada sobre un conjunto de signos impresos por apretados que se muestren —a veces verdaderos ladrillos tipográficos (debajo hay playas)—, y mantener ese regusto de una página a otra. Leer: seguir interesado por cada frase, tanto la principal como las que a ella están subordinadas para matizarla y ampliar su sentido, paladeando la especial construcción, el sabor y la gracia de la trama formada, y a través de los párrafos que se abarcan con delectación, ver desarrollarse el argumento que nos involucra en sus incidencias y llega a marcar, o así parece mientras no se corte la lectura, nuestro propio destino.

 

Avezado a leer, quien posee tal hábito deja de percibir lo que está haciendo: transmigra. Y ya situado en otro plano, no avanza de palabra en palabra como un escolar, sino que las traspasa como el rayo de luz al cristal, para captar la imagen delineada por ellas. Entonces, a sus ojos, van abriéndose claros en el abigarrado amasijo de letras y la hoja de papel se transparenta.»

 

El acceso a la lectura de buenos libros de literatura no es fácil, exige un «lento aprendizaje». Hay quienes se inician en ella con la docencia a sus espaldas y el objetivo de la especialidad universitaria apuntando entre los renglones de los libros. Así se forman como «hombres de letras». Eugenio Torrecilla, médico jubilado, no pertenece a ese gremio, se ha formado en la lectura literaria sin intermediarios, a solas con su inquietud y sensibilidad nada comunes. Y lo ha aprovechado y aprendido tan bien que, como escribió Ricardo Labra, «Eugenio Torrecilla se ha convertido en estos tiempos de vedetismos literarios y de falsas erudiciones, en una auténtica lección, en un referente de como obrar y percibir la literatura». Y para los que hemos tenido la fortuna de tratarlo en la Tertulia Literaria de Langreo, un maestro que la dirigió de manera natural sin que ni él ni los contertulios lo hubieran decidido o convenido.

Helios Pandiella


La razón vital del doctor Torrecilla

/ Por Francisco PalaciosLa Nueva España, lunes, 10 de septiembre de 2012 

 

Aunque se publicó hace algún tiempo, por diferentes circunstancias llegó a mis manos recientemente. Se trata de La vida por la letra, magnífica novela autobiográfica del doctor Eugenio Torrecilla. Una novela sugerente y estimulante que te envuelve desde el principio, y en la que se despliega una bella y pausada ordenación de tiempos, personas y paisajes. Es también una obra salpicada de certeras reflexiones sobre diversas cuestiones. Y sobre todo es un relato de las múltiples lecturas que han condicionado la vida del autor, al que, siendo joven, alguien le preguntó si con su edad «no habría que vivir a lo vivo». La respuesta fue contundente: «Te cambio la vida por la letra», título y tesis de la novela.

 

Los buenos libros son los depositarios de un saber acumulado y universal. Al respecto, el doctor Torrecilla reconoce en esta obra que en su calendario interior, el tiempo se mide por los libros, que «marcan y forman la vida». Y hay libros para tiempos de seguridades y para épocas de desgarraduras. Siempre que se rechacen las trivialidades y los pasatiempos literarios. Ya escribí en otra ocasión que Eugenio Torrecilla habría sido un excelente profesor de Literatura.

 

Después de la magia de las primeras lecturas, que «roturan la mente», vienen los grandes autores: Homero, Shakespeare, Cervantes, Thomas Mann, Marcel Proust, Balzac, Galdós, Palacio Valdés, Dostoyevski, Tolstoi, García Márquez, entre otros muchos. Algunas obras, como La montaña mágica, de Thomas Mann, fueron providenciales para superar un agónico trance personal. Asimismo, «La vida por la letra» revela una actitud estoica ante el mundo y una prudencia crítica con el orden de las cosas: una virtud vinculada también con el afán de conocimiento de su autor, especialmente con su pasión literaria.

 

Por otra parte, Eugenio Torrecilla viene dirigiendo y animando una tertulia literaria desde hace casi nueve lustros. Una tertulia en la que han participado varias generaciones con espléndidos resultados. Y como reconocimiento a esa labor dinamizadora de la cultura fue distinguido «Asturiano del mes» de La Nueva España en la primavera de 2005. Decía Maquiavelo que las bibliotecas eran templos del saber. Pues bien, en dos bibliotecas langreanas (sin duda, los lugares más idóneos) se exhiben sendas placas honoríficas dedicadas al doctor Torrecilla para premiar su larga y meritoria actividad. Una se encuentra en la sala principal de la Biblioteca Pública Municipal de Sama, y reza así. «A Eugenio Torrecilla. Un hombre entregado a la cultura y a la pasión de su engrandecimiento». La segunda, en la biblioteca de La Montera, dice: «A Eugenio Torrecilla, que ha sabido ver en la literatura como un universo sustantivo».

 

Rodeado por sus libros preferidos, el doctor Torrecilla formula una suerte de rotundo testimonio vital: «Confieso que he leído». Y confiesa fundamentalmente que la lectura modifica nuestros puntos de vista, descubre la otra cara del mundo y activa nuevas vías mentales. Lo dicho: «La vida por la letra» es una magnífica novela.

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«La vida por la letra», de Eugenio Torrecilla

/ Por Francisco Lauriño / de Blues de la luna que nos mira

 

Si es difícil que en un texto de mil páginas quepa la vida de una persona (Luciano Sechard, Alexei Karamázov…, qué sé yo…, o aunque sea sólo un sesgo de ella), ¿cómo no iba a serlo mucho más en otro que junta menos de doscientas y que transmite una vida entera, desde la infancia perdida en los albores del siglo XX, hasta la pedestre realidad de hoy?

 

Pero, se cumple la proeza cuando descubrimos que esta biografía no es exactamente el relato de una vida, sino la relación de una lista de libros que han configurado una vida, que la han hecho ser lo que es y, más aún, que la han hecho ser, pues gracias a ellos, con su ayuda, esa vida no se apagó cuando la grave enfermedad se cebó en ella, y le sirvió para alejarse de la muerte en tanto en cuanto que los avatares de Hans Castorp y de su primo Joachim en La montaña mágica, primero, y la libertad de las estepas de Tarás Bulba, después, insuflaron garantías para que el mundo, no el real, sino el de los libros, que es para el protagonista de este libro el real, se tornase, como en Novalis, sueño, y, de sueño, otra vez en mundo. Y vemos aquí al doctor Torrecilla redivivo, muchos años después de aquellos mágicos desvelos impresos en papel y que entretenían la infancia primera en forma de cuentos, todavía aplicado a su inmensa tarea de lector, en su torre de marfil que es un «modesto piso de cierta población provinciana carente de relieve».

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